Tomás Alvarez - Periodista y escritor

El porqué de un título

Un canto, una señal, una marca en la conciencia.
El libro se inicia al anochecer de una jornada de verano. Se oye en la lejanía el canto del alcaraván.

El alcaraván se mimetiza perfectamente en la naturaleza; es un ave prácticamente invisible. Tiene un canto nítido, profundo, que emite al anochecer, como una llamada desgarrada, salvaje, que preludia al crepúsculo. En el silencio de los valles y de la hora final del día, ese canto parece un aullido triste, un lamento, por lo que no es inhabitual que se asocie a los malos presagios.

En la narración, se simboliza en el canto del alcaraván la esencia profunda del territorio campesino, una esencia que impregna a quien nace en él y que pervive hasta el final. Es como una marca interior, un símbolo que se detecta a través de los sentimientos de añoranza y desarraigo.

En estas épocas de “globalización”, millones de seres humanos han sido arrancados de su territorio para servir como mano de obra en aquellos puntos del mundo en los que se desarrolla una civilización más tecnificada, más rica en términos monetarios. Esos seres llevan consigo esa marca indefinible de la tierra y la cultura original. No les abandonará nunca.

Dentro de El Canto del Alcaraván
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